lunes, 4 de abril de 2016

Abril.

El día menos pensado llegó cuando dejé de pensar,
me olvidé de cerrar la ventana por si llovía
y la habitación se inundó de rebeldía
escondida entre las telarañas de mis esquinas. 

Ese Abril no cogí paraguas ni un solo día
y mis palabras, empapadas de insomnio,
se formaron en la sopa de letras del periódico del domingo,
haciendo eses después de tomarse un ron con coca cola,
compitiendo con las últimas sombras de la noche

Me probé la vida y supe que la talla XL me venía grande,
y que de tantos palos podiá hacer una hoguera
lo suficientemente grande como para ser rescatada
de caer en mi propio olvido. 

Bailé entre la lluvia de una primavera disfrazada de invierno
hasta apagar la última farola entre todas las flores,
tras muchos ibuprofenos y ganas de sentirme viva 
sabiendo que en stand-by también gasto energía
y a pesar de haberme dicho que ese día me iría pronto a la cama.

No me cabían dudas porque mi aforo ya estaba completo
en el trópico de mi boca cuando salía a tomar algo,
y el rojo de mis labios encontraba constantes serendipias
que se dedicaban a justificar respuestas injustificables
poniéndose de puntillas. 

Y a mí, que no me gusta darle vueltas a nada que no sea un cola cao,
me dio por bañarme en mares de excesos durante la tormenta,
escribiendo en negrita y subrayando lo menos importante,
sufriendo sobredosis de planes inacabados. 

Y tanto diluvio universal me dejó seca,
mientras me quedaba en blanco, en negro y en verde
y un pajarito me decía que estaba perdiendo el tiempo,
buscando la excepción que confirma la regla
entre el montón de ropa de la silla de mi habitación.


sábado, 2 de enero de 2016

365.


Trescientos sesenta y cinco,
los días que paso descubriéndome,
encontrándome yendo de bares con el odio y el amor, 
invitando al caos a cenar sushi en casa. 

Veinte,
los años que me he dedicado a soñar
con prohibiciones bailando con la libertad, 
mientras le cierro la puerta en las narices a la razón.

Seis,
el primer número que marcó la responsabilidad
para llamarme y escuchar mi buzón de voz,
mientras estaba en el cine con la felicidad. 
  
Mil
veces me sumerjo entre lápiz y papel,
recorriendo caminos que no llevan a Roma, 
yéndome de la mano con las ramas y no por ellas. 

Una hora, 
lo que tardo en levantarme para ir al baño, 
después de un par de cervezas con la ignorancia
y de una larga conversación con la inocencia. 

Cincuenta, 
las veces que pinto lo que se escribe y escribo lo que se pinta,
que no leo manuales de instrucciones
y abro las ventanas para dejar paso al huracán.  

Millones
de veces dándole vueltas a las cosas,
viendo las cosas dando vueltas
y sacando a pasear a mi conciencia.

Innumerables
ocasiones en las que la vida me sonríe
y le digo que cierre la boca para que no le entren moscas,
y pienso en que lo que tenía claro lo he perdido buscando de más.


lunes, 9 de noviembre de 2015

De ser y de ir.

Fui.
Un verbo a medio conjugar.
Fui de fuiste. O de fuimos.
De ser, de ir. De irte, de irnos. 

Fui de hace años, meses, días. 
Fui.
Tan buena como mala.
Caótica como una tormenta tropical.
Como el tráfico en hora punta.
Fui inentendible, de carácter más fuerte que la acidez del limón.
Fui de gritar cuando nadie me escuchaba, ni siquiera yo.
Me fui.
A soñar despierta y vivir dormida.

A perderme sabiendo que iban a buscarme. Y a encontrarme.
Me fui.
A recorrer mundo por carreteras desconocidas.
A empezar por el final lo que se empieza por el principio.
Fui y me fui.
Y tú mientras eras y te ibas.

Y de vez en cuando en vez de idas había venidas.
Y yo sin darme cuenta.
Fui, me fui, fuiste y te fuiste. 

Pero siempre volviste.

domingo, 18 de octubre de 2015

Voy.



Voy a recoger todas las flores del mal de Baudelaire antes de convertirme en esa tormenta que sorprende a las parejas de los parques, que levanta todos los vestidos dejando al descubierto los secretos de quien los lleva, que destapa la verdad que se esconde detrás del maquillaje de sus caras. Porque hoy la lluvia está harta de que la utilicen para describir días tristes, los finales se preguntan por qué todos esperan que sean felices, los domingos se quejan de que nadie les quiera y el café espera el momento en el que dejen de echarle dos cucharadas de azúcar en lugar de disfrutar de su amargor. 
Voy a ser como uno de esos actores a los que el director de la película no revela el final del guión hasta la última escena de rodaje, porque no veo el vaso ni lleno ni vacío sino rellenable, no distingo entre filias y fobias y me empiezan a gustar mis errores hasta el punto de no querer renunciar nunca a la equivocación. 
Voy a leer mis palabras en medio del silencio, y esta vez lo haré entre líneas, asegurándome de que las canciones no acaban, de que los libros tienen segunda parte, las obras segundos actos y las películas en realidad son sagas. Voy a dejar de perderlo todo y de perderme, a evitar la erupción del Vesubio, a sobrevivir al Apocalipsis. 
Hoy voy a pedir un alto el fuego. 






lunes, 28 de septiembre de 2015

Piano y violín.



Mirarte a los ojos, sentir mi fragilidad,
amontonar las lágrimas que repartiré a partes iguales en mi Testamento.
Cogerte de la mano, congelarme,
reír por la torpeza de no saber hacer formas con las sombras.
Subirme a tus pies, notar las alturas,
bailar música triste de piano y violín sin letra.
Acercarme a tu oído, susurrar entre calor,
chapurrear palabras en francés que nadie entiende.
Acariciarme la espalda, notar las curvas de los dedos,
experimentar la alineación de los planetas.
Meter la cabeza bajo las sábanas, abrir bien los ojos,
comparar el blanco nuclear con el moreno de playa.
Morderme el labio, manchar de carmín,
que escueza el agua de mar en las heridas.
Acercar la cara, quedarme inmóvil un instante,
mover mis pestañas hasta que estornude. 
Oler a café recién hecho, romper mil platos, 
jugar a hacer la guerra aunque nuestra bandera blanca diga que somos paz.
Soñar despierta, pensar dormida, escribirle a nadie,
enfocar a los protagonistas de mis cuentos,
pixelar a los malos de mis películas de pesadillas. 

miércoles, 19 de agosto de 2015

Hoy soy en orden alfabético.

Hoy soy...

Agujero negro en mi espacio. 
Blanco en tu diana. 
Corredora ganadora en la carrera hasta mi subconsciente. 
Domadora de mi entendimiento.
Experta en ocasionar desastres.
Fotógrafa de cada momento de mi vida.
Gato en su tejado.
Hipotenusa del triángulo que es mi mente.
Ilustradora de mi propia historia. 
Jarabe que cura todas las enfermedades. 
Kilómetro cero de cualquier carretera.
Lo que jamás seré.
Música para crear bandas sonoras.
Noctámbula en tus noches y en las mías.
Óxido en tu corazón de hierro.
Pirómana que destruye tus bosques. 
Quien quiera que sea.
Reina de mi caos.
Sombra en la oscuridad. 
Tóxica, como las sustancias más peligrosas.
Úrsula, Maléfica, Scar, Cruella de Vil.
Vals en medio de una canción de rock.
Whisky para olvidar. 
X como incógnita en mi ecuación.
'Y si...' en todos mis pensamientos.
Zarzamora con espinas. 

jueves, 9 de julio de 2015

Crash.

Las mariposas en el estómago son para cuentos de príncipes y princesas, pero nosotros fuimos más de historias de desastres, de provocarnos terremotos por dentro y aguantar la compostura como oficinistas trajeados después de nueve horas de trabajo.
A ratos fuimos de quererlo todo al mismo tiempo que sabíamos que no tendríamos casi nada, como si fuésemos niños que para elegir sus regalos de navidad marcan todos los juguetes de las revistas. A ratos fuimos de quererlo todo, pero nos olvidamos de que los Reyes Magos no existen.
Nuestro coche se salvaba de todos los baches, pero llega un momento en el que ni las ruedas más fuertes consiguen evitar pincharse, de la misma manera que el hecho de que haya una gran bandera roja ondeando a pie de playa no evita que algún inconsciente creyéndose valiente se ahogue entre las profundidades. Y nos chocamos. Y este accidente no era una escena de una de esas películas donde el protagonista usa sus poderes mentales para retroceder en el tiempo y arreglar sus destrozos.
Nosotros fuimos más de historias de desastres, o quizás solo lo fui yo y te arrastré sin querer, como dos polos distintos de un imán o la interdependencia del yin y el yang. Y en cualquier caso lo siento, como siente Holden haberle contado su historia a todo el mundo en El guardián entre el centeno, como nunca antes lo había sentido.